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Como la religión y filosofía china influyó en su cultura e idioma.

Autor: Jesús Rafael Marcano -Escritor, poeta y promotor cultural especializado en literatura china y japonesa-.

En la cosmovisión de la antigua China los conceptos e ideas no eran un elemento aislado entre sí
sino que todo era visto desde un punto de vista «Holístico» (en chino: 整体观; Zhěngtǐ guān). El
lenguaje no es una herramienta para que el ser humano se imponga sobre el mundo, sino un
espacio de comunión. La gramática china, con su tendencia a omitir el sujeto y el pronombre «yo»,
funciona como un espejo de agua: refleja la realidad con pureza, permitiendo que la imagen del
mundo aparezca sin la distorsión del ego (del antiguo griego: εγώ ).

  1. El corazón que refleja (心 – Xīn)

La espiritualidad china no separa el pensamiento del sentimiento. El carácter 心 (xīn), el corazón-
mente, es el centro de este espejo. Cuando el poeta o el hablante eliminan el «yo» de su expresión,
están limpiando el espejo.

Ejemplo: En lugar de decir «Yo estoy triste», la estructura a menudo permite que la emoción flote en
el entorno. Al decir simplemente 伤心 (shāng xīn) —literalmente «herir el corazón»—, el sujeto
desaparece. No es «mi» dolor, es un estado del universo en ese instante. Esta es la esencia del
Anatman (no-yo) del budismo: entender que el «ego» es solo una ola en la superficie del agua, pero
el agua misma es el todo.

  1. El paisaje sin observador (Wang Wei)

Como bien plasmó el maestro Wang Wei (王维), el «Poeta-Buda», la cumbre de la espiritualidad es
alcanzar el estado de 空 (kōng) o vacuidad. En sus versos, citados anteriormente:

夜静春山空。

(Yè jìng chūn shān kōng)

«Noche calma, montaña de primavera vacía.»

En este espejo de agua que es su poesía, Wang Wei no se coloca frente a la montaña para
observarla; él deja que la montaña se refleje en su mente vacía. Al no haber un «yo» que reclame la
experiencia, la montaña y el hombre son la misma vacuidad. La gramática china facilita este
milagro espiritual al permitir que los verbos fluyan sin dueños.

  1. El fluir del Tao y el silencio del nombre

El Taoísmo nos enseña que el nombre que puede ser nombrado no es el verdadero 道 (Dào). Por
ello, el lenguaje más espiritual es aquel que roza el silencio. Cuando en el habla cotidiana se omite
el sujeto, se está practicando el Wu Wei (无为) o la no-acción egoísta. ¡Todo surge de forma
natural!

Ejemplo: 知道了 (zhī dào le).

Significado espiritual: «Se conoce el camino». No es que «yo» haya adquirido un conocimiento como
una posesión, sino que el espejo de la mente ahora refleja la verdad del camino.

Finalmente la lengua china es, en última instancia, un ejercicio de desapego. Al renunciar al «yo», el
lenguaje deja de ser una prisión de la identidad para convertirse en un espejo de agua cristalina y
puro como loto. El confucianismo aporta la ética del respeto, el taoísmo la fluidez de la naturaleza y
el budismo la libertad de la vacuidad.

Al final, cuando el «yo» se retira, lo que queda no es la nada, sino la plenitud. Como en las grandes
obras de la dinastía Tang, el silencio gramatical es la invitación para que el cosmos entero hable a
través de nosotros y esto es precisamente iluminarse y alcanzar como diríamos en el antiguo
sánscrito el Nirvana.